nubes grises aparecen,
intempestivamente en mi alma,
ahora, sin que tu presencia,
pueda siquiera adormecer,
la intensidad de mi dolor.
y cada vez que veo tu faz,
un frío sudor recorre mi espalda,
esperando, irónicamente,
sin esperanzas que alguna vez,
quizá, pueda tenerte junto a mi pecho.
pues has decidido evitarme,
has elegido no mirarme,
te has avocado a no hablarme,
y aunque tu ambigua respuesta,
trate de negarlo,
sé, por el vacío de tu mirada,
que no quieres ser mi amigo,
me pregunta mi alma,
cómo puede una carita tan dulce,
decir tan penosas palabras,
sin emular misericordia,
en el brillo de tus ojos.
eso me perturba
en lo más profundo de mi ser,
pues destruiste la más tenue, e
insignificante ilusión, con
la singular forma de tu máscara.
pero no fue más que mi cobardía,
lo que me impidió,
dirigirte una mirada, una palabra.
sé que no podré olvidarte fácilmente,
y es lo que más me consta,
pues, podré sentir la incomodidad,
que experimentes con mis poesías.
y, sin más decir,
termino estos agrios versos,
grises como las nubes en mi alma.
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