habrá, acaso, algún dolor
más lacerante que,
el de un absoluto rechazo,
habrá, acaso, un estupor
más sosegador que,
el de tu mirar infinito.
y siento que no puedo decir
que te he perdido,
ya que nunca te tuve
entre mis sesgadas manos.
y porque siento que, tal vez,
de todos los versos que,
he escrito hasta ahora,
puedo escribir los más bellos,
acerca de ti en este momento.
y, es que, tu existencia,
me apasiona, y cada vez que
puedo, me pierdo en tu pasar,
porque tu precioso rostro
me tulle por completo,
oh! y tus ojos, aquellos ojos,
podría pasar la noche entera
contemplándolos, apreciándolos,
sin pestañear ni un momento,
sin dudar ni un segundo.
y tu candidez tan perfecta,
tu ternura inquebrantable,
no mencionarlas sería un pecado,
a pesar de mi falta de credo,
pero, si fueras, quizá,
más osada, podrías ser tú
mi incandescente deidad.
tu incertidumbre me cautiva,
me hace recalcitrante,
a la decisión de jamás olvidarte.
más tu determinación tomada,
congela mi anhelo,
a tal punto, de llevarlo,
al roce de tu piel,
donde se vuelve gélido,
hasta lo más ígneo mi ser.
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